
"Un experimento de laboratorio consistía en dar comida a unos macacos sólo si tiraban de una cadena y mandaban una descarga eléctrica a otro macaco no emparentado cuyo dolor podían ver perfectamente a través de un espejo transparente en una sola dirección. De lo contrario el animal tenía que pasar hambre. Después de aprender el truco, los monos se negaban con frecuencia a tirar de la cadena; en un experimento, sólo el 13% lo hizo y el 87% prefirió pasar hambre. Un macaco estuvo sin comer durante casi dos semanas antes de maltratar a su compañero. Los macacos que habían recibido descargas en experimentos anteriores estaban aún menos dispuestos a tirar de la cadena. La posición social o el sexo de los macacos tenía poco que ver con su negativa a maltratar a los otros. De acuerdo con las normas humanas convencionales, estos macacos, que nunca han asistido a la catequesis, que nunca han oído hablar de los Diez Mandamientos, que nunca han tenido que aguantar una clase de educación cívica en la escuela, resultan ejemplares por sus sólidos fundamentos morales y su valiente resistencia al mal. Si las circunstancias se invirtieran, y unos macacos científicos obligaran a seres humanos cautivos a elegir entre las dos opciones, ¿reaccionaríamos del mismo modo? En la historia humana son muy pocas las personas cuyo recuerdo veneramos porque se sacrificaran conscientemente por los demás. Por cada una de ellas, hay muchísimas que no hicieron nada".
Textos extraídos de: Sombras de antepasados olvidados; Carl Sagan;
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